¿Le conviene un yen devaluado a Japón?

“Muchas empresas dicen que es adecuado para el dólar operar cerca de los 95 yenes, por lo que debemos trabajar con el Banco de Japón para llevarlo a niveles adecuados, tomando en cuenta los varios efectos que el tipo de cambio puede tener sobre la economía japonesa” Naoto Kan, ministro de Finanzas de Japón.

La asunción en Japón del nuevo ministro de Finanzas de Japón, Naoto Kan, pareciera implicar mucho más que un simple cambio de ministros. Las primeras declaraciones del nuevo ministro, impactaron inmediatamente en el yen ante las perspectivas de un cambio en la política económica.

Varias veces he mencionado la alta dependencia de la economía japonesa del sector externo. El impacto de la crisis sobre el comercio mundial, combinado con una fuerte apreciación del yen frente al dólar, ha tenido sus consecuencias dañinas sobre el crecimiento de la economía nipona.

La respuesta, en su momento, del gobierno de Taro Aso, fue la implementación de políticas de estímulo económico que apuntaban a la demanda interna. Esta política de estímulo de la demanda interna, está siendo continuada por el gobierno del primer ministro Yukio Hatoyama, aunque sus consecuencias fiscales (Japón tiene una deuda pública bruta superior al 218% de su PBI según estima el Fondo Monetario Internacional), preocupa a los mercados ya que existe un riesgo considerable de crisis.

Ante la fragilidad fiscal y la limitada respuesta que la demanda interna en la economía japonesa ha demostrado, Naoto Kan se mostró en su asunción a favor de tener un tipo de cambio depreciado.

Satoru Ogasawara, economista de Credit Suisse decía sobre el nuevo ministro: “Kan es conocido por hacer comentarios bruscos cuando entra al debate parlamentario, pero no está claro si es bueno comunicándose con los mercados y podría tomar tiempo a los mercados conocer cabalmente su capacidad”. El impacto que sufriera la divisa japonesa da cuenta de lo riesgoso, para la estabilidad de la economía, que pueden ser este tipo de apreciaciones.

Seguramente, desde el gobierno de Yukio Hatoyama, se le ha llamado la atención a Kan quien el pasado viernes, cambió su discurso sobre la política cambiaria: “Las tasas de cambio indudablemente deben ser determinadas por los mercados”.

A pesar de este cambio explícito de visión (que muy probablemente no implique un cambio en su pensamiento acerca de la conveniencia de un yen débil), queda en evidencia que está en la preferencia del gobierno japonés que el yen se mantenga débil frente al dólar y al resto de las principales divisas.

En este sentido, las presiones que ha sufrido el Banco de Japón (BoJ) por mantener una política monetaria expansiva con tipos de interés en el mínimo y con medidas de inyección de liquidez para estimular el crédito, aportan para que la divisa japonesa se debilite.

Si bien es cierto que un tipo de cambio más competitivo puede ayudar a la economía de Japón a acelerar su recuperación, los riesgos asumidos pueden ser superiores a los beneficios esperados.

En primer término, un tipo de cambio más competitivo, no tendrá un gran impacto en el corto plazo sobre la economía japonesa ya que, más allá de los tiempos necesarios para ganar mercados que requieren los bienes y servicios transables de Japón, la debilidad que aún se observa en los flujos comerciales, hacen que el aumento en la demanda externa esperada sea limitado.

Otro de los riesgos que se corre con una política de yen barato, es el potencial resurgimiento de las operaciones de carry trade que pueden aumentar la volatilidad en los mercados.

Ante una política monetaria que se espera, mantenga durante un tiempo extenso, los tipos de interés en zona neutral, y con el agregado de una política cambiaria que no vería con agrado la apreciación de la moneda japonesa, los inversores encuentran una combinación óptima para endeudarse en yenes y reinvertir dicho dinero en monedas con mayor retorno.

Para tranquilidad del Banco de Japón, los riesgos inflacionarios son mínimos en una economía que se encuentra muy debilitada y que ha sufrido deflación de precios durante el 2009.

La debilidad del yen puede afectar el atractivo de la deuda pública japonesa. En estos momentos en que los niveles de endeudamiento y las necesidades de financiamiento del gobierno japonés son elevados, una política cambiaria que apunte a un yen débil puede derivar en un desplome en el valor de los títulos públicos japoneses que pueden llevar al país y a la economía global a una nueva crisis, sin haber salido del todo, de la crisis financiera internacional.

Si bien un yen débil es del agrado tanto del gobierno japonés como de su nuevo ministro de finanzas, se tendrá que cuidar mucho las declaraciones públicas que se realicen para no afectar las expectativas del mercado de un modo tal que los costos superen a los potenciales beneficios. Para una economía como la japonesa, altamente dependiente de la demanda externa y para la que un tipo de cambio competitivo podría impulsar su crecimiento, hoy por hoy no está tan claro que un tipo de cambio depreciado sea lo mejor que le pudiera ocurrir.

Horacio Pozzo