¿Puede desaparecer el euro?

No se puede discutir que la crisis actual haya puesto contra las cuerdas a la eurozona. Esta crisis ha demostrado que este bloque económico no es tan sólido como se observaba en los buenos tiempos, y las dudas acerca de su futuro son cada vez mayores ¿Sobrevivirá el euro a su primer crisis seria?

Jim Rogers dice “El euro dejará de existir a medio plazo”. Claro que para evitar cuestionamientos en los próximos años en caso de fallar en sus predicciones, el mediano plazo al que hizo referencia no es tan mediano como se puede uno imaginar: “El euro probablemente se romperá en los próximos 15 ó 20 años”.

Tan claro como contundente, muchos pensarán que Rogers, fiel a su estilo, ha exagerado con su predicción. Sin embargo, existen una serie de cuestiones a tener en cuenta, que pueden determinar el final de esta experiencia de integración europea, en menos de estos 15 años que Rogers plantea como límite inferior al plazo establecido en sus predicciones.

Rogers afirmaba: “Yo dejaría quebrar a Grecia porque entonces todo el mundo se convencería de que el euro es una divisa seria”. La discusión en torno a qué es más conveniente para el euro, si la asistencia a la economía griega por parte de las principales economías de la eurozona, léase Francia y Alemania, o si se deja a esta economía menor a la buena de Dios, se salta una parte importante del diagnóstico: el bloque económico de la eurozona como tal ha fallado en controlar el comportamiento en términos de su política fiscal, de los países integrantes y no hay nada que asegure que este tipo de episodios, riesgosos para la fortaleza de la divisa europea, no vuelvan a producirse en el futuro.

Mientras tanto, los ministros de Finanzas de la Eurozona se acaban de poner de acuerdo sobre las modalidades de un plan de ayuda financiera a Grecia de rápida aplicación según lo manifestado por Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo. Quizás sea esta una de las pocas alternativas con que cuenta la eurozona para evitar que la crisis se siga propagando dentro de sus fronteras.

Creo que en este sentido, la fortaleza de una divisa pasa principalmente por la capacidad que demuestre de resolver situaciones que pongan en riesgo la fortaleza de sus fundamentales macroeconómicos, que con señales que dejan un gran interrogante a futura acerca de la manera de resolver situaciones de tensión.

En momentos de crisis, entiendo que es cuando resulta más conveniente para las economías optar por una mayor unidad que recurrir al “sálvese quien pueda”, por eso es que no comparto el pensamiento de Angela Merkel, dado a conocer en Libertad Digital, que propone cambiar el Tratado de la UE para “expulsar” países del euro incumplen reiteradamente el Pacto de Estabilidad Presupuestaria.

En relación a lo anterior, si bien no es una idea acertada la expuesta por Merkel de deshacerse de todo aquel integrante del bloque con problemas, creo que la propia eurozona debería evaluar si no es la misma pertenencia de estos países al bloque económico el motivo que está provocando el incumplimiento fiscal de las economías señaladas. De ser así, no creo que sea necesario “echar” a nadie del bloque ya que existirá convencimiento de todas las partes acerca de la conveniencia de dejar de pertenecer al mismo.

La expulsión de la eurozona de los países en problemas, es una alternativa seria que  barajan las principales economías del bloque. Para Wolfgang Münchau, el objetivo de la propuesta de creación de un Fondo Monetario Europeo, propuesta por Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, es justamente eso; un mecanismo de salida de los países de la eurozona pero sin salirse de la Unión Europea.

La percepción por parte de los inversores acerca de la posibilidad de expulsión de países de la eurozona, no hace otra cosa que contribuir a la volatilidad y debilidad del euro. Esto sin dudas va en contra del objetivo de toda divisa que pretende instalarse como moneda internacional.

De todos modos, países como España, probablemente decidan renunciar a continuar formando parte de la zona del euro, antes que los echen. Es que los españoles sienten que la pertenencia a la eurozona les ha traído más de un dolor de cabeza.

El renunciamiento que hacen los países, cuando ingresaron al bloque monetario, a la posibilidad de contar con el instrumento de política monetaria para conducir sus ciclos económicos (que no se encuentran perfectamente alineados entre todas las economías de la eurozona), es un costo que ahora se considera demasiado elevado.

La política monetaria que realiza el Banco Central Europeo (BCE), tiene claramente el fuerte influjo de las grandes economías del bloque, en detrimento del resto. Esto obliga a que la eurozona cuente con mecanismos compensatorios adicionales que les permita al resto de las economías, no tener que sufrir los efectos adversos de la falta de control de variables claves como lo es el tipo de cambio.

Para Alemania no sería un buen negocio la desaparición del euro ya que su economía se apoya fuertemente en el crecimiento de la demanda externa, beneficiada con la estabilidad cambiaria con sus socios comerciales derivada de la instauración de la moneda única.

Pero a pesar de la no conveniencia para la economía alemana de la posible disolución de la eurozona, está en claro que a este bloque monetario no le será posible seguir funcionando sin tropiezos mientras cuente dentro de sí, con economías poco homogéneas, que sufren enormemente una política monetaria que les provoca grandes desequilibrios.

¿Estamos entonces ante el final del euro? Existen elementos para pensar que es así. A las economías les cuesta mucho estar impedidas del manejo de ciertos instrumentos de política económica en tiempos de crisis y el futuro, en un mundo globalizado y que mantiene grandes desbalances, hace prever que la volatilidad será la regla y no la excepción. ¿Y si se redujera la zona del euro a países con similitudes entre sí, podría sobrevivir? Quizás, pero ¿Cuáles son esos países?

Horacio Pozzo

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