Asia crecerá más que Europa en 2016

La globalización económica es una realidad palpable que se ve cada día en las Bolsas de todo el mundo, que reaccionan rápidamente a las noticias que provienen del último confín del mundo. Y es también esta globalización la que está haciendo que el crecimiento económico se mueva de un lugar a otro del planeta, lo que está sucediendo ahora con Asia, siempre con el permiso de China. Este gigante empezó a tener un papel muy importante en la economía global hace diez años, que fue cuando rebasó a Francia como quinta economía del mundo. Ahora ya es la segunda economía del mundo, solo superada por Estados Unidos.

Hasta la crisis financiera que estalló en Estados Unidos en 2007 y luego se extendió por todo el mundo, China y su economía caminaban cuál llaneros solitarios e incluso, pese a su tamaño, estaban fuera del Grupo de las 20 economías más industrializadas del mundo, el denominado G-20, lo que cambió a partir de ese momento.

Este hecho, el que las grandes potencias económicas del mundo en ese momento (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Canadá, Italia, Francia y Rusia, el grupo del G-8) volvieran su mirada hacia China cuando estalló la crisis marcó el inicio del viraje de la economía mundial y ha convertido al conjunto del continente asiático en una potencia económica de primer orden que, de hecho, tiene un mejor comportamiento en materia de crecimiento que la propia Europa.
La fragilidad de Europa

Las cifras son lo suficientemente elocuentes. Europa, también conocida como el Viejo Contienente, toda una premonición que coincide con la crisis de población por la que atraviesa, crecerá este año un moderado 1,8% según las últimas previsiones de la Comisión Europea, muy lejos del 5,7% en que lo hará de media el continente asiático, según datos del Asian Development Bank.

Las razones de este crecimiento tan alicaído están, según la Comisión Europea, en el elevado endeudamiento público y privado que hay en Europa, las persistentes vulnerabilidades del sector financiero y el descenso de la competitividad, a lo que se ha sumado recientemente la apreciación del euro que ha contribuido además a encarecer las exportaciones.

La receta de Bruselas para recuperar un crecimiento económico sólido siguen siendo las mismas desde que estalló la crisis financiera: reformas estructurales, modernización económica, aumento del empleo y condiciones sociales más adecuadas para todos los ciudadanos, algo así como la carta a la Reyes Magos. Algunos de los países europeos que han aplicado estas recetas, entre ellos España, han logrado fortalecer el crecimiento pero no reducir de manera sustancial la elevada tasa de paro, que sigue situada de manera persistente alrededor del 20% de la población activa en el caso de nuestro país.
Crecimiento de Asia

¿Y qué está pasando en Asia para que haya hecho el «sorpasso» a Europa en materia de crecimiento económico? No hay una única respuesta. El Banco Mundial, por ejemplo, asegura en su último informe sobre la región que, pese a que China crecerá menos de lo que estaba previsto (un 6,8% frente al 7,7% previsto hace unos meses), el crecimiento económico para la región de Asia y Pacífico será robusto este año al llegar al 6,3% y al 6,2% en 2017, ligeramente por debajo del 6,5% que creció la región en 2015.

Este ligero recorte del crecimiento económico no se da solo en China sino que en Malasia, por ejemplo, el crecimiento será solo del 4,4% este año y del 4,5% en 2017, frente al 5% previsto hace unos meses. En el caso de Tahilandia las cifras son más modestas ya que la economía de ese país avanzará tan sólo un 2,5% este año y un 2,6% en 2017, frente al 2,8% en que aumentó en 2015.

El Banco Mundial justifica este ligero menor crecimiento de la región, aunque mucho mayor que el de Europa por supuesto, en la rebaja de las previsiones de China así como la caída de los precios de algunas materias primas que esta región del mundo produce.

Y una prueba de que las previsiones se están confirmando se observa en Filipinas, cuya economía creció un 6,9% en el primer trimestre del año en relación con el mismo periodo del año anterior. Las razones de esta robustez están en el gasto de las Administraciones Públicas de ese país, que subió un 9,9%, que se ha unido al 7% en que subió el gasto de los hogares.

Otro de los países asiáticos que ha dado la sorpresa en el primer trimestre ha sido Japón, país en el que el Gobierno de Shinzo Abe se esperaba un avance económico anémico de solo dos décimas y que, finalmente, ha sido del doble, un 0,4%, lo que en tasa anualizada arrojaría un crecimiento de un 1,7%. Según los datos dados por las autoridades de Tokio este fuerte crecimiento se basa en un aumento de un 0,5% en el consumo de los hogares, responsable del 60% del Producto Interior Bruto (PIB) del país y de un ligero aumento del gasto público.
El gigante chino

En el caso de China a nadie se el escapa que el robusto crecimiento que ha tenido desde 2008 ha ayudado a la recuperación de la economía mundial, y si no que se lo pregunten a muchas economías de Latinoamérica y de África, que han abastecido de materias primas a la insaciable China, según asegura Miguel Otero-Iglesias, analista senior de Economía Política Internacional del Real Instituto Elcano.

En el caso de Europa también ha habido países que han aprovechado el tirón de China, como ha sido el caso de Alemania, y de ahí que los frecuentes viajes de la canciller Angela Merkel al país de la eterna muralla no hayan sido casuales.

China, en total, ha sido responsable del 40% del crecimiento económico mundial entre los años 2009 y 2014, con lo que ha estado más que justificado que se le otorgara el sobrenombre de motor de la economía mundial.

La realidad es que hace una década apenas podíamos nombrar a un puñado de empresas chinas y ahora marcas como Huawei o Alibaba forman parte del acerbo empresarial mundial, fruto del trasvase que ha hecho ese país, que ha dejado de ser la fábrica del mundo para convertirse en una economía global con sus propias marcas, o por lo menos trabaja para lograrlo.

Hasta hace pocos años China no tenía ninguna presencia en Europa y en el año 2014 invirtió 14.000 millones de euros, con un stock acumulado de inversiones de alrededor de 46.000 millones, más del doble de lo que tiene invertido en Estados Unidos.

Y fruto de este nuevo equilibrio de fuerzas nació hace unos años el New Development Bank (NDB), cuyo capital está suscrito por los países denominados emergentes o BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), todo un símbolo ya que no hay ningún país occidental presente en esta organización.

Otro de los gigantes del continente asiático junto con China es India aunque ambos países caminan en direcciones diferentes desde el punto de vista económico. China está frenando el crecimiento y está vigilando más la calidad que la cantidad, lo que se ha traducido en una caída de la producción industrial desde el 8,3% en que creció en 2014 a poco más del 6,1% en 2015.

El caso de India es distinto porque este país está en una especie de carrera desenfrenada por crecer a toda costa, para lo que está haciendo todo tipo de reformas en aras de conseguir atraer al máximo de capital extranjero posible. Así, este país ha pasado de un crecimiento del 7,2% de 2014 al 7,6% el año pasado. Para 2016 la previsión es que su crecimiento se desacelere dos décimas, hasta el 7,4%, para volver a rebotar un 7,8% en 2017.
Empresas españolas

Este giro que está dando el crecimiento económico hace que las empresas, necesariamente, tengan que desviar también su foco. Antonio Garamendi, presidente de Cepyme y vicepresidente de CEOE, reconocía hace unos días que «Asia es la asignatura pendiente de las empresas españolas, y sobre todo las pymes, ya que es más fácil ir a América Latina, lo que se refleja en que esa zona es el destino del 6% de las exportaciones españolas, mientras que a China y a Japón solo llega el 1% de lo que vendemos en el exterior».

En contraste con la actitud de las empresas españolas buena parte de sus homólogas en Alemania, Francia o Italia están ya presentes desde hace años en Asia, sobre todo aquéllas que se dedican a la fabricación de productos de lujo, un verdadero símbolo de avance social para los ciudadanos asiáticos.ABC.es

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