Bonos argentinos en default

La recesión de la economía argentina se profundizará el año próximo si el Gobierno no logra un acuerdo por la deuda y la reactivación se postergará al menos hasta 2016 si el “default selectivo” en el que cayó el país sobrevive más allá de las elecciones presidenciales de octubre de 2015.

El lúgubre pronóstico de viernes fue obra de Fitch Ratings, una de las tres calificadoras de riesgo más grandes de Wall Street, que ayer bajó la nota de los bonos Par en dólares al expirar el período de gracia para transferir los fondos del vencimiento del 30 de septiembre último que el Gobierno depositó en una cuenta de Nación Fideicomisos, a la cual los inversores no han accedido.

Fitch, cuyas opiniones y estimaciones han sido descalificadas por el oficialismo, al igual que las de Standard & Poor’s y Moody’s, las otras dos “grandes” del mercado, estimó que la economía se contraerá un 1,9 por ciento este año y un 2,6 por ciento en 2015 si se prolonga el default, un escenario en el que habría más presión sobre la inflación, el tipo de cambio y las reservas.

“Las condiciones económicas se han deteriorado significativamente”, dijo el director del Grupo Soberano para América latina, Santiago Mosquera.

El pronóstico, que Fitch difundió junto con el anuncio formal de la baja de la nota en el bono Par, de “C” a “D”, pone además paños fríos a las expectativas acerca de un acuerdo con los holdouts a principios de 2015, al afirmar que “la comunidad empresaria y la oposición están mirando más allá de las elecciones presidenciales”. La evaluadora de riesgo puntualizó que “el incumplimiento constituye un evento de default. El único [bono] bajo ley extranjera que queda vigente es el Global 17, cuyo vencimiento para el pago de los servicios es el 2 de diciembre”.
La amenaza de aceleración

No se sabe aún cuándo ocurrirán, pero las futuras negociaciones podrían complicarse más si se concretan las gestiones de un fondo de inversión, Owl Creek, para “acelerar” el cobro de bonos Par que vencen en 2038.

El Gobierno, que ha dicho que quiere un acuerdo con todos los holdouts, se enfrentaría a tres tipos de reclamos: el de los fondos buitre, con un fallo a favor del juez Griesa; el de los “me too”, como el magnate Kenneth Dart, dueño del fondo EM, que aspira a un trato similar, y el de los bonistas “acelerados” con títulos en “default selectivo” de los canjes de 2005 y 2010.

Ayer, el Bank of New York Mellon, que aún opera como agente fiduciario de la deuda pública de la Argentina, envío una carta de dos páginas a los bonistas para informarles que no había recibido los fondos para el pago del vencimiento del 30 de septiembre.

La puerta para reclamar la “aceleración” de los bonos Par quedó abierta. Si Owl Creek, u otro fondo inversor, opta por seguir ese camino, NML quedaría en una posición menos conveniente para negociar. “Yo asumo que el propósito de la aceleración no es realmente presentar una demanda, sino conseguir una silla en la mesa de negociaciones entre la Argentina y NML”, dijo a LA NACION Mark Weidemaier, abogado y profesor de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

No sería la única pérdida para NML. Si otros bonistas aceleran, la deuda de la Argentina con NML, Aurelius Capital, Blue Angel y los trece ahorristas beneficiados por el mandato judicial de Griesa podría desplomarse, según Anna Gelpern.

El fallo a favor de los fondos buitre establece que, para determinar el monto que deben cobrar, debe multiplicarse su deuda por un “porcentaje de pago” que se calcula dividiendo lo que la Argentina tiene intenciones de pagar por lo que debe pagar. Si hay bonistas que aceleran, lo que el Gobierno “debe” pagar es mayor, y, por ende, el pago a NML es menor, explicó Gelpern. LaNacion.ar

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