Consecuencias de devaluación del real para Argentina

Una momentánea calma política, gracias a las vacaciones de los congresistas, deja lugar estos días a la “tormenta cambiaria”. Ayer, el dólar volvió a subir de precio: ahora cuesta 3,364 reales. Y es el valor más alto que alcanza desde hace 12 años, en los comienzos del gobierno del ex presidente Lula da Silva. Pero el gobierno de Dilma Rousseff avisó que no piensa intervenir en el mercado de cambios para frenar la presión sobre la divisa estadounidense. Fue el ministro de Planificación Nelson Barbosa, uno de los vértices del equipo económico brasileño, quien afirmó: “No vamos a usar recursos de las reservas internacionales para controlar la cotización”.
Lo cierto es que el ritmo devaluatorio se expande: en una semana, la moneda brasileña se depreció más de 6% en relación a la divisa estadounidense; y tomados los últimos 6 meses, la desvalorización alcanzó a 18%.
En cuanto al peso argentino, el retroceso del real es semejante: la divisa brasileña perdió 6% en 15 días y 17,8% en los últimos 6 meses. El impacto se hace más evidente si se analiza el encarecimiento de la moneda argentina en medio año: es de 22% en relación al real. Con lo que eso significa en términos de pérdida de competitividad para las exportaciones argentinas hacia Brasil. Sin mencionar que para el viajero brasileño, que alimentó durante años las ventas minoristas en Buenos Aires y otros centros turísticos, la capital porteña se ha vuelto cara.
Ayer, la caída del real tuvo un fuerte componente externo: el derrumbe de la bolsa de Shanghai. Pero la mayor incidencia son las condiciones internas, políticas y económicas, que vuelven el ataque casi permanente. Según los analistas, “la caída de la Bolsa en China trajo la preocupación de un aterrizaje forzado de la economía asiática. Esto presiona para abajo el precio de las commodities (especialmente agrícolas) y de allí se traslada casi de inmediato a la cotización del real”. Así lo sintetizó Luciano Rostagno, jefe de economistas del banco Mizuho. Desde luego, con un escenario interno atravesado por convulsiones, los inversores buscan protegerse saliendo del real para buscar el dólar.
Para evitar una fuga de divisas, el ministro Nelson Barbosa reveló que el gobierno no moverá un dólar de sus reservas impedir la desvalorización. Hay un stock considerable en las arcas del Tesoro: llega a 360.000 millones de dólares, “lo que da más autonomía al país en la conducción de la política económica”.
Para el funcionario, quien formuló las declaraciones tras una reunión de Dilma Rousseff con su gabinete, no sólo Brasil deja subir libremente al dólar. “Otros países adoptaron la misma postura”. Garantizó, también, que Brasil está en condiciones de absorber estas “fluctuaciones” y apostó a que el mercado de divisas brasileño “se estabilizará pronto”.
Para la Argentina, hay un impacto negativo a corto plazo. Pero en un plazo medio, la intensidad del efecto devaluatorio brasileño va a depender de la mayor o menor aceleración de los ajustes en el cambio que introduzca el Gobierno. Eran otras épocas y situaciones, tanto internas como mundiales, pero vale recordar el precio que pagó el país luego de la fuerte devaluación del real en Brasil a partir de 1999. Ahora, la relación es mucho más estrecha que hace 15 años: el mercado brasileño se ha convertido en el destino principal de las exportaciones argentinas manufactureras y de bienes intermedios. Lo que para la industria de transformación en Brasil es una vía de escape –vender al exterior los productos industriales– en el caso de la Argentina es exactamente lo contrario: la caída en el pantano. El economista Aloisio Campelo, de la Fundación Getulio Vargas, reveló que apenas en un mes (entre junio y julio), el índice de confianza en la demanda externa subió 11,8% en la visión empresarial. “Hay una mejora de la competitividad debido a la suba del dólar” indicó el experto. Y puso como ejemplo los despachos de la industria automotriz. Clarin

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