EE.UU. se vuelve una potencia exportadora de automóviles

La industria automotriz de Estados Unidos, que hace apenas cuatro años estaba prácticamente en ruinas, está surgiendo ahora como una potencia exportadora, impulsada por los tipos de cambio y costos laborales favorables, una tendencia que, según expertos, podría propulsar el sector por muchos años.

En una señal de la recuperación, Honda Motor Co., que en su día importaba una gran cantidad de autos fabricados en Japón a EE.UU., prevé exportar para fines de 2014 más vehículos producidos en Norteamérica –casi todos en líneas de ensamblaje estadounidenses— que los que trae al país de Japón.

El año pasado, más de un millón de autos y camionetas ligeras fueron exportados de fábricas en EE.UU., una cifra récord y más del triple registrado en 2003, según la Administración de Negocios Internacionales de EE.UU.

Menores costos laborales y reestructuraciones que cerraron las fábricas improductivas han fortalecido la competitividad global de las filiales de las automotrices en EE.UU. Algunas están incluso considerando la producción en el país como una alternativa para atender a mercados emergentes en crecimiento.

Para fines de 2014, Chrysler espera exportar hasta 500.000 vehículos al año a mercados fuera de Norteamérica, más del doble de los 210.000 del año pasado. La gran mayoría de esas exportaciones salieron de sus fábricas en EE.UU.

“Lo que ha cambiado es nuestro enfoque en los mercados internacionales”, apuntó Mike Manley, presidente ejecutivo de la marca Jeep, de Chrysler. Controlada por la automotriz italiana Fiat SpA, Chrysler está usando los vínculos de su empresa matriz para fortalecer sus ventas en Rusia, China y otros lugares. “Tomamos una perspectiva diferente, más enérgica, sobre cómo podíamos crecer con los recursos que tenemos”, afirmó.

Aun así, el valor financiero de las importaciones de automóviles a EE.UU. sigue siendo mayor al de las exportaciones. El déficit comercial del sector automotor del país ascendió a US$105.500 millones el año pasado, casi el doble de los US$51.000 millones obtenidos con las exportaciones. Aun así, en 2012, la industria representó apenas 14,5% del déficit comercial general de EE.UU., frente a 22% en 1987.

Jun Jayaraman, director de calidad en la planta de Honda en Marysville, recorrió rientemente una línea de producción de Accords mientras los trabajadores en uniformes blancos instalaban tableros. “Este aquí”, dijo, señalando un sedán blanco, “se va a Rusia”.

Pocas automotrices están planeando un giro tan drástico como el de Honda. El año pasado, el fabricante japonés exportó 90.000 vehículos de Norteamérica. Ahora tiene como meta elevar esa cifra a más de 200.000 al año, aprovechando las expansiones de las fábricas en el país y la devaluación del dólar. A pesar de que la moneda estadounidense se fortalecido este año (el miércoles US$1 compraba XX,XX yenes), sigue estando muy por debajo de la cotización de 2007, cuando un dólar equivalía a 120 yenes.
Los autos ensamblados en EE.UU. están siendo enviados a China, el mayor mercado de autos del mundo, Arabia Saudita, el segundo mayor destino para los autos producidos en EE.UU. después de Alemania, y Corea del Sur, que ahora tiene un acuerdo de libre comercio con EE.UU.

En una planta de Ford Motor Co. F +1.55% en Chicago, una cuarta parte de su todoterreno Explorer es despachada fuera de Norteamérica. En su fábrica en el estado de Illinois, Chrysler monta Jeeps con motores diesel para clientes europeos.

De cierta forma, General Motors Co. GM +0.12% y Ford nunca sintieron la necesidad de vender al exterior los vehículos que producen en EE.UU. porque fueron líderes de la globalización, abriendo plantas en Europa y otros lugares a principios del siglo pasado. El auge de las exportaciones de vehículos ensamblados en EE.UU. es, en parte, fruto de los procesos de recuperación bajo la protección de bancarrota de Chrysler y GM, dirigidos por el gobierno estadounidense hace cuatro años, que se tradujo en el cierre de las plantas no rentables, y de un dólar más débil, que hizo que los productos hechos en EE.UU. fueran más competitivos en el exterior.

Los acuerdos laborales pavimentaron el camino para que las dos automotrices contratasen a miles de trabajadores que ganan US$14 la hora, casi la mitad que los más veteranos. Ford, que se reestructuró sin la intervención del gobierno, también obtuvo acuerdos sindicales semejantes.

La industria automotriz más ligera de EE.UU. contrasta con las de Europa y Japón, que sufren un exceso de capacidad, un alza en los costos laborales y una desaceleración de la demanda interna. Datos de junio indican que las ventas de automóviles en EE.UU. registraron su mayor crecimiento en más de cinco años, según la firma de investigación Autodata Corp.

El año pasado, BMW exportó 70% de su producción en Carolina del Sur. Mercedes-Benz, de Daimler AG, exportó casi el mismo porcentaje de lo que produjo en Alabama.

Toyota exportó 124.000 vehículos fabricados en EE.UU., un alza frente a los 86.000 de 2011. “Puesto que ya ensamblamos una cierta cantidad de vehículos aquí, es más rentable enviarlos de EE.UU.”, indicó Nihar Patel, subdirector de estrategia empresarial de Norteamérica para Toyota Motor Sales U.S.A.

El aumento en las exportaciones de vehículos en EE.UU. también está generando empleos lejos del corazón de la industria automotriz. Los modelos de Jeep exportados a China y otros mercados de Asia, por ejemplo, salen ahora de Grays Harbor, en Washington, a casi 4.000 kilómetros de Detroit. En los años 90, el puerto afrontó dificultades con la caída de las exportaciones. Hoy, lo que se ve es un intenso movimiento de autos siendo embarcados.

“Ahora, cuando pasas por el puerto, se ven cuatro o cinco mil vehículos listos para ser exportados”, dijo Kevin Campbell, gerente del puerto para Brusco Tug & Barge Inc. “Hace unos años, eran troncos de madera”. WSJ

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