Expectativas de la Comisión Europea para la Eurozona

Los efectos de la revolución cultural que ha sido la austeridad de los últimos años empiezan a quedar cada vez más claros en la economía europea: Alemania está viviendo una crisis estupenda, con la eurozona cada vez más partida en dos. La fractura Norte-Sur se va agrandando, con mayúsculos problemas en la periferia que empiezan a compartir Italia y Francia. A tres semanas de las elecciones europeas del 25 de mayo, la Comisión Europea acaba de lanzar sus previsiones con un mensaje de primaveral optimismo, que desmienten algunos números —muy grises en algunos casos, incluida la posible deflación— y los enormes riesgos que tiene la eurozona en el horizonte más cercano. La recuperación europea toma cuerpo, pero a tasas muy débiles y sin apenas mejoría en el deprimido mercado laboral. Dentro de esa macedonia confusa que son los pronósticos de Bruselas, la foto fija española es como sigue: una recuperación aún más suave que la del conjunto (1,1% de crecimiento este año, una décima peor que el pronóstico del Gobierno), sin apenas creación de empleo (el paro baja tímidamente pero seguirá en el 24% el año que viene, a la cabeza de Europa, confirmando los pésimos datos de la última EPA) y con una deuda pública que cabalga desbocada y que superará el listón del 100% del PIB este año.

La panorámica general europea es algo mejor, pero la media estadística esconde evoluciones divergentes. Positivas en Alemania (la primera economía del euro crecerá el 1,8% este año) y mucho más preocupantes por detrás (Francia y España crecerá en torno al 1%, e Italia apenas el 0,6%). “La recuperación ha tomado cuerpo”, asegura el nuevo vicepresidente económico de la Comisión, el estonio Siim Kallas. “Tras haber sido golpeada por una doble recesión desde 2008, hay signos de una reactivación genuina”, arranca el informe sin titubeos. Pero se trata de una recuperación deforme: Europa va muy rezagada respecto a Estados Unidos, y sobre todo la mejoría apenas incluye “una mejora tímida del empleo”, reconoce el estudio, y lleva asociada una retahíla de riesgos sensacional.

La Comisión destaca una posible pérdida de confianza si se produce una parálisis en las reformas, en un mensaje telegrafiado a Italia y Francia, los dos países que más preocupan. Pero el informe cita también los riesgos (“muy bajos”) de deflación, con los índices de precios muy por debajo del objetivo del Banco Central Europeo en 2014 y 2015, que dificultan sobremanera los duros ajustes del Sur: “Un periodo de baja inflación demasiado prolongado [exactamente lo que Europa tiene ante sí] podría incluir peligros”, indica el estudio, que suma también a los riesgos la posibilidad de una desaceleración del crecimiento lejos de Europa. Para España, eso se traduciría en un crecimiento inferior “si los países emergentes, y en particular América Latina, se desaceleran más de lo previsto”. Apenas nada dice el informe de la posibilidad de una reestructuración de la deuda griega, que empezará a discutirse después de las elecciones, ni de sus efectos sobre el resto de países. Pero esa es una de las claves de los próximos meses, junto a los exámenes a la banca del BCE.

El mensaje político de Bruselas es positivo, sin apenas fisuras. Las elecciones están demasiado cerca y los últimos años han sido demasiado duros como para que el abanico de riesgos —incluidos los sociales y políticos— tomen el vuelo que merecen en el análisis de la Comisión. Pero el estado de ánimo de Europa es impredecible a la vista de que las diferencias en esta crisis empiezan a ser sangrantes. Alemania acumula un crecimiento del PIB que superan en 13,8 puntos a la economía española desde 2009 hasta el año próximo. Ese diferencial es de 11,8 puntos de PIB con Francia, y de casi seis puntos de PIB con Italia, según el informe de primavera de la Comisión. El estudio reconoce “la naturaleza gradual de la recuperación, propia de las graves crisis financieras”, pero sobre todo destaca las “severas diferencias que persisten en la evolución de los estados miembros”.

Bruselas aplaude los esfuerzos en lo relativo a la consolidación fiscal en la eurozona. Pero al aplicar la austeridad en medio de la recesión y al haberse visto obligados a salvar bancos, la deuda de los socios de la eurozona sigue creciendo: ascenderá al 96% del PIB este año. Siete de los 18 socios del euro presentarán ya en 2014 deudas públicas superiores al 100% del PIB, incluida España, que partía de bajísimos niveles precrisis (36%).

En el caso español, además, las previsiones incluyen un déficit público del 5,6% este año, y del 6,1% el año próximo (si el Gobierno, que augura un desfase del 5,5% y un 4,2%, respectivamente, no aprueba cambios). El déficit se resiste a bajar, y este año se verá perjudicado tanto por la sentencia europea que obliga a devolver el importe de lo recaudado por el céntimo sanitario (un gravamen sobre las gasolinas que ha recibido un revés en el tribunal europeo), como una menor recaudación en el Seguridad Social por la nueva tarifa plana para las nuevas contrataciones a jóvenes.

La factura del sector financiero aún no ha acabado, y por todo ello la deuda pública alcanzará el 100,2% del PIB este año y el 103,8% el año próximo. Todo eso con un desempleo es niveles socialmente insoportables, que cerrará este año en el 25,5% y el próximo en el 24% (contra el 24,9% y 23,3% que espera el Gobierno). Con ello, el país se sitúa a la cabeza de la eurozona junto con Grecia en paro. Ese, y ningún otro, es el verdadero problema de la economía española, junto a desafíos de menor entidad como el pinchazo de la vivienda (que seguirá en 2014, y van seis años) y la desaceleración del sector exterior. Todo eso se traduce en una recuperación muy suave, que dificultan la curación definitiva del sector financiero, el otro gran problema de España: la banca ha salido de la UVI gracias al rescate europeo, pero ni aun así consigue disipar todas las dudas.

Hace medio año, las coordenadas de España se resumían en una secuencia tan fácil de memorizar como preocupante: 0-25-50-100. Es decir, estancamiento del PIB, paro algo superior al 25%, caída de precios de la vivienda del 50% en lo que va de crisis y deuda pública encaminándose al 100% del PIB. Esa métrica se confirma, pese a una tenue mejoría: con los pronósticos de 2014 en la mano, las coordenadas pasan a ser 1-25-50-100. ElPais

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