La amenaza de las calificadoras va más allá de la pobre Grecia

Desde que se desatara la crisis, ha sido una costumbre recurrente de las calificadoras de riesgos, el advertir sobre problemas luego que los mismos han salido a la luz. A pesar de su capacidad demostrada para detectar vulnerabilidades serias en las economías y en las entidades que analizan, cuando deciden recortar una calificación, el impacto en el mercado se siente con dureza.

Se puede decir que la utilidad originaria de las calificadoras de riesgo que es la de ser un mecanismo de advertencia, no se cumple demasiado y por el contrario, en lugar de limitar el impacto negativo de las situaciones de estrés, pareciera ser que contribuyen a su amplificación. En este sentido, Standard & Poor’s acaba de lanzar la advertencia de que podría bajar la calificación de Grecia en el transcurso de los próximos 30 días. Vale recordar que el endeudamiento de Grecia supera el 113% en términos del PBI.

La reducción en la calificación de la deuda griega puede provocar un efecto contagio en el resto de los países europeos en problemas, esto es, en Portugal, Irlanda, España e Italia. En los mercados, los temores se combinan con el entusiasmo de quienes apuestan a que lo peor suceda para beneficiarse de ello.

El efecto dominó que se puede desatar a partir de la caída de Grecia, tiene una magnitud difícil de calcular ya que con el agravamiento de la situación en estos países, el sistema financiero europeo entrará en una preocupante tensión. Es que, según da cuenta Libertad Digital, los bancos europeos tienen una exposición de 185.000 millones de euros en Grecia y más de 1,5 billones en los cuatro países. Dentro del sistema financiero europeo, tanto la banca alemana como la francesa son las que mayor exposición presentan a estos países.

El riesgo de la banca alemana y francesa supera los supera los 87.000 millones de euros en Grecia y 667.000 millones en el conjunto de países europeos en aprietos. La banca Alemana ha apostado fuerte a España e Irlanda, mientras que la banca francesa lo ha hecho principalmente con España y en partes similares con Grecia e Irlanda. La banca británica por su parte, todavía no ha dejado atrás sus problemas vinculados a la crisis inmobiliaria y ya se prepara para lo peor por su alta exposición a Irlanda (es la banca europea de mayor exposición a este país) y a España. También la banca suiza se encuentra en problemas por su elevada exposición a la deuda griega (el segundo sistema financiero europeo de mayor exposición con 47.000 millones de euros en activos de Grecia, detrás de la banca francesa que tiene comprometidos 55.000 millones de euros).

No caben dudas que si pensábamos en contar con el sistema financiero europeo para reimpulsar la economía de Europa, creo que nos hemos equivocado rotundamente. El sistema financiero europeo hoy por hoy, lucha por sobrevivir. Y la situación comprometida de los sistemas financieros de Alemania y Francia, obliga a un mayor compromiso por parte de estos países para apoyar a las economías en problemas de modo tal de evitar la catástrofe.

La situación fiscal en Grecia, España, Portugal e Irlanda (con déficits cercanos al 10% del PIB), ha impactado directamente en las primas de riesgo lo cual se refleja en el aumento en los Credit Default Swaps (CDS). Así, mientras los CDS se elevan, también se elevan los incentivos de los inversores por hacer que Grecia caiga. “Es como comprar un seguro contra incendios a la casa de tu vecino. Y se crea un incentivo para quemarla”, señalaba con claridad Philip Gisdakis, de UniCredit en Munich. Una reflexión sobre los CDS: los mismos se originaron para cubrir riesgos y evitar fuertes caídas en los activos de los inversores, aunque en estos momentos se han transformado en un elemento que aumenta de un modo significativo, la volatilidad en los mercados generando de esta forma, grandes pérdidas (y también grandes ganancias), en los mercados, con efectos concretos y negativos sobre el crecimiento de las economías.

En medio de las turbulencias, Grecia intenta esforzarse por mejorar su situación fiscal, pero tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea (CE) y el Banco Central Europeo (BCE) han dado un veredicto negativo al afirmar que el plan de austeridad del Gobierno de Grecia no es suficiente para frenar la crisis financiera y recomiendan medidas adicionales de reajuste presupuestario por un total de 5.000 millones de euros. Para colmo, los ajustes propuestos están provocando una gran resistencia en el país lo cual hace difícil prever la viabilidad de nuevos recortes. Desde mi punto de vista, considerando los miles de millones de euros que la crisis financiera internacional le ha costado a la economía mundial hasta el momento, no me parece que 5.000 millones de euros sea una cifra elevada como para que algún organismo internacional o desde la misma UE, se decida otorgar a Grecia para recomponer la situación fiscal, al menos de este año, y evitar así, ajustes adicionales con efectos negativos para las perspectivas de crecimiento económico.

Lo que debe quedar en claro en esta situación tan compleja es que hay muchos intereses en juego, y es por ello, que las soluciones más lógicas no son las que comúnmente se terminan implementando. La caída de los países europeos en problemas es un gran negocio para algunos y en medio de la confusión, hacen su esfuerzo para lograr que lo peor ocurra. Es por ello que en estos momentos de confusión, todos sospechan de todos y no es claro si las advertencias que realizan los especialistas, las distintas agencias y los medios de comunicación, llevan dentro de sí, la intencionalidad de generar una mayor zozobra para que estos países colapsen y beneficiarse con este “baño de sangre”.

En este sentido, “The Wall Street Journal”, le apunta a España a quien le aconseja implementar fuertes medidas de ajuste para evitar consecuencias más que lamentables y duraderas para su economía. Y las alternativas que plantea son tan drásticas como resistidas y dolorosas: España, o sale del euro o reforma a fondo el mercado laboral. Claro que nadie quiere que lo primero ocurra ya que sería un golpe muy duro para la moneda única del cual difícilmente se pueda recuperar.

La flexibilización del mercado laboral es un tema muy conflictivo que demandaría largos y duros debates para poder llegar a concretarse, si es que logra vencer la resistencia de los trabajadores que ven en esta alternativa, una amenaza para su estabilidad laboral. España se encuentra en estos momentos sufriendo una tasa de paro superior al 19% de la Población Económicamente Activa (PEA), y con un 2010 en el que se anticipa la continuidad de la contracción en el PBI, no se puede esperar otra cosa, que un aumento adicional en la tasa de desempleo.

No solamente el WSJ se encargó de atacar a España en estos últimos días, también The Economist le apuntó al país europeo a través de Rodríguez Zapatero, burlándose de sus capacidades para poder sacar a España de la crisis, mientras que el Financial Times por su parte, afirmaba de un modo descalificante que “Una torpe España guiará Europa”.

Algo que aún no se ha producido de un modo sensible pero que es una posibilidad latente, es la masiva migración de desocupados dentro de Europa en búsqueda de mejores posibilidades laborales. Esta posibilidad en medio de este contexto tan adverso, no haría otra cosa que generar conflictos internos que dañarían la unidad europea.

El terrible diagnóstico muestra una Europa al borde del colapso económico y del sistema financiero, con una situación social tensa que amenaza con descontrolarse. En este contexto, entiendo que le cabe a la Unión Europea dar una respuesta de conjunto. Lo que estamos presenciando no es un problema particular de las economías de Grecia, España, Italia, Portugal e Irlanda, sino un problema de toda la Unión Europea en general y de la Eurozona en particular.

Si las economías líderes de la región, evaluaran conscientemente los costos que para sí mismo implicarían una caída de Grecia con contagio en el resto de las economías en problemas, no cabe duda que la decisión sería apostar por salir a su rescate. Incluso esta decisión representaría una señal clara en pos de la unidad regional que ayudaría a aumentar la fortaleza del bloque. Es además, la oportunidad de Alemania de demostrar su liderazgo regional. ¿No sería un buen negocio?

Horacio Pozzo

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