La venganza de los emergentes

Y por fin están llegando los días en que los países emergentes harán probar a los desarrollados de su propia medicina. El comportamiento tan criticable que han tenido los países emergentes con sus cuentas públicas, es el mismo comportamiento indisciplinado que han mostrado las economías desarrolladas y que las lleva a esta situación actual de sobreendeudamiento.

Resulta paradójica la situación que atraviesa el mundo actual. Por fin, luego de varias décadas, las economías emergentes, en especial, las latinoamericanas, han aprendido lo valioso que resulta el sostenimiento de la fortaleza fiscal para impulsar el desarrollo económico. Pero justo en el preciso momento en el que estas economías aprendieron la lección, el mundo desarrollado tropieza con esta enorme piedra que es la indisciplina fiscal.

Que una economía incurra en déficit fiscal no es un hecho para preocuparse. El déficit fiscal puede responder a una necesidad del gobierno por impulsar programas que potencien el crecimiento económico (podemos pensar en obra pública necesaria para acomodar la infraestructura del país a su dinámica de crecimiento). Pero cuando el déficit responde a un comportamiento irresponsable del gobierno que transforma al déficit fiscal en un mal crónico, la situación se vuelve de temer. Esto mismo es lo que le ha ocurrido al mundo desarrollado que no encuentra el camino para volver a ordenar sus cuentas fiscales.

Hacia finales del presente mes, el G-20, la nueva fuerza mundial que surgiera a raíz del debilitamiento de las economías desarrolladas y de un mayor poder (bien ganado), de las economías emergentes, se reunirá esta vez en Toronto en un contexto en donde está en serio riesgo la estabilidad del sistema financiero internacional, ante la posibilidad de episodios de default en las economías europeas.

Lo que ocurrirá en la reunión del G-20 ya ha sido en cierta medida anticipado por lo tratado en la reunión previa de los ministros de Finanzas, que se celebró en Busan, Corea del Sur. En dicha reunión, los ministros de China, Brasil y la India, les solicitaron a las economías desarrolladas que prioricen la disciplina de las cuentas fiscales, maltrechas luego de tremenda crisis, aunque su deterioro se puede observar un tiempo antes del estallido de la subprime.

En dicha reunión, el ministro de Finanzas indio, Pranab Mukherjee enviaba un claro mensaje a los países desarrollados: “Tenemos que impulsar la recuperación económica pero, al mismo tiempo, no podemos renunciar a la prudencia en materia fiscal”.

El pedido de los emergentes no tiene por objeto la venganza en sí misma, sino que apunta a un objetivo global y particular. Es que el deterioro fiscal que han sufrido la mayoría de las economías europeas, de EEUU y Japón, han derivado en una mayor volatilidad en los mercados financieros que afecta el normal desenvolvimiento en los emergentes.

Esta volatilidad se traduce en incertidumbre cambiaria (no en el caso de China que ha decidido tener planchado el tipo de cambio nominal del yuan con el dólar) y en un impacto real negativo a través de un menor flujo comercial y el freno de las decisiones de inversión.

Seguramente, la necesidad hará que quede de lado una discusión no menor sobre la cuestión de la regulación y supervisión de los mercados financieros. Quizás hasta resulte una omisión adrede ya que la reforma de la estructura regulatoria de los mercados financieros impondrá límites al crecimiento de la intermediación financiera, necesaria para el crecimiento económico.

La falta de determinaciones sobre el rumbo en materia de regulación de los mercados financieros internacionales probablemente implicará nuevos riesgos para la economía global ya que la nueva regulación puede llegar demasiado tarde como para desincentivar nuevas burbujas en los activos financieros. Los inversores internacionales son conscientes que están atravesando serios riesgos de padecer enormes pérdidas producto de la situación de la deuda pública en Europa y es por ello que buscarán caminos alternativos para recuperar parte de la rentabilidad perdida a través de nuevos instrumentos financieros o el aprovechamiento del buen momento de los emergentes.

Volviendo al tema de la próxima cumbre del G-20, y dado que los paquetes de rescate configuraron ventajas para algunas compañías (en especial, en las entidades financieras) en detrimento de otras que no han sido rescatadas, desde la UNCTAD y la OCDE se ha solicitado que los gobiernos abandonen a tiempo los activos adquiridos como parte de las medidas anticrisis y lo haga de forma transparente y no discriminatoria: “Esas posiciones, si se mantienen durante demasiado tiempo, pueden crear confusión entre el papel del gobierno como regulador y como propietario, y afectar los procesos competitivos en los mercados de productos y capitales”, se afirmaba en el informe emitido en el marco de la próxima reunión del G-20.

Otra de las preocupaciones que se pondrá nuevamente sobre la mesa de discusiones, son las medidas proteccionistas implementadas por las economías que buscan en éstas, sostener el crecimiento económico pero que terminan por afectar a la recuperación de la economía global y por estimular la ineficiencia productiva.

El proteccionismo comercial afecta principalmente a las economías con mayor apertura y dependientes en mayor medida del crecimiento de la demanda externa tal como resulta en el caso de China, Japón y Alemania. En el caso de Japón, la debilidad económica que ello provoca se combina con su frágil situación producto del alto endeudamiento público, que puede llevar a la economía nipona al colapso, provocando a su vez un impacto profundo en la economía global. Por este motivo es que el proteccionismo claramente es una mala opción.

Seguramente, el debate será intenso en la nueva reunión del G-20. ¿Cómo se seguirá impulsando la recuperación de la economía global? Los planes anticrisis les han costado a los países del G-20 más de un trillón de dólares, poco han hecho para recuperar a la economía mundial y mucho han hecho para generar nuevos focos de inestabilidad. ¿Se podrá apostar por una verdadera coordinación de las políticas económicas de los países? Este sería uno de los caminos más seguros para apostar por la recuperación económica global y el saneamiento de las economías. Pero los gobiernos no están dispuestos a ceder para que esto sea posible.

En el nuevo escenario mundial, las economías emergentes tienen mayor poder. Este poder deberá ser utilizado con responsabilidad para estimular un crecimiento armónico de la economía global y no para ser aprovechado en beneficio propio que como ya ha quedado largamente demostrado, solamente generan un bienestar de corto plazo con costos importantes en el largo plazo.

Horacio Pozzo

ValorMundial.com

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