Tarjetas de crédito para los bitcoins?

Varias modernas fiebres del oro han invadido el área de San Francisco en las últimas décadas. Brian Armstrong, de 31 años, está al frente del frenesí más reciente: las monedas virtuales.

Bitcoin es el protagonista y Armstrong, presidente ejecutivo de Coinbase, cree que ha encontrado una mina de oro. Desea ser una especie de Visa y MasterCard (MA) para el procesamiento de pagos con bitcoin, y desplazar a los dos gigantes a medida que comerciantes y consumidores adopten las transacciones virtuales.

Las empresas de tarjetas de crédito “cobran US$500.000 millones en comisiones”, dice con confianza en la sala de conferencia de la firma, con vista a la Bahía de San Francisco. En la medida en que el comercio se vuelva cada vez más virtual y los cargos de tarjetas de crédito bajen para igualar los de tecnologías más baratas, “van a ser US$50.000 millones”, sostiene Armstrong.

Sin embargo, mucha gente aún no sabe lo que es una divisa virtual, y mucho menos una “billetera de bitcoin” como Coinbase. Armstrong ofrece una definición para principiantes: “Es una moneda digital distribuida. No hay una autoridad central. Está basada en un consenso de personas que trabajan en esto alrededor del mundo. Es tanto una divisa como un método de pago y un protocolo, un lenguaje de acuerdo mutuo para que las computadoras puedan comunicarse e intercambiar monedas o pagos, al menos al principio”.

La cantidad de bitcoins tiene un límite de 21 millones (hasta ahora se han generado unos 12 millones a través de un método algorítmico que usa el protocolo de bitcoin), lo que los hace inmunes al tipo de políticas gubernamentales de expansión o restricción monetaria que pueden hacer fluctuar a las divisas reales. Los bitcoins simplemente valen cuanto acuerdan quienes los intercambian.

El sistema de pago peer-to-peer, o entre pares, ha sufrido algunos traspiés, como el cierre de la plataforma Silk Road en 2013 y el colapso de la mayor bolsa de bitcoin, la japonesa Mt. Gox, en febrero de este año.

Pese a que estas manchas a la reputación de bitcoin despiertan recelos, al frenesí continúa: hace poco, un grupo de inversionistas que incluía al multimillonario Richard Branson y el cofundador de Yahoo (YHOO)  Jerry Yang aportó US$30 millones a BitPay, un servicio de procesamiento de pagos rival de Coinbase. La aerolínea de Branson, Virgin Atlantic, acepta bitcoin y usa BitPay para manejar los pagos. En todo el mundo, cerca de 20.000 comerciantes aceptan bitcoin, que se puede guardar en billeteras como Coinbase. En diciembre, la empresa de Armstrong recaudó US$25 millones gracias a la firma de capital de riesgo Andreessen Horowitz. Hay oro por extraer.

“Aún hay personas que dicen que no hay manera de que el gobierno vaya a permitir esto, pero no tienen la información que tenemos nosotros”, dice Armstrong.

Cuando dos años atrás fundó Coinbase junto a Fred Ehrsam, cuenta, “nuestros riesgos eran el fraude y conformidad”. Pero en marzo del año pasado la Red contra los Delitos Financieros (FinCEN) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos ofreció clarificación y directrices sobre las monedas virtuales. “Una semana después nos registramos con la FinCEN como una empresa de servicios de dinero. Un buen primer paso”, dice.

No es común escuchar a un presidente ejecutivo tan animado sobre el entorno regulatorio, pero, al fin y al cabo, participar en el mundo del bitcoin requiere cierta fe en la benevolencia de extraños. Eso mismo le sucedió en la empresa donde trabajaba Armstrong antes de empezar Coinbase: Airbnb, el servicio de reservación de residencias particulares que está sacudiendo la industria hotelera. Armstrong, quien se graduó de la Universidad de Rice en 2005 con títulos de economía e informática, había pasado unos años en la firma de servicios profesionales Deloitte y en varias startups de Silicon Valley antes de incorporarse a Airbnb en 2011, cuando la compañía tenía apenas 35 empleados.

Allí, tuvo que lidiar con la prevención de fraudes y el procesamiento de pagos en 190 países conforme la empresa crecía a una velocidad vertiginosa. Cuando se fue después de 18 meses para fundar Coinbase, Airbnb tenía 600 empleados. El crecimiento de Coinbase ha sido más lento, pero la tendencia es claramente ascendente. La firma ahora administra 1,2 millones de billeteras de bitcoin.

El procesamiento de transacciones de bitcoin requiere de dos actores clave: “mineros” y procesadores de pagos. Los mineros resuelven complejos algoritmos y son recompensados con bitcoin. Algunos lo logran instalando una serie de computadoras que operan día y noche. La “minería” añade las transacciones a un libro mayor que es público, donde se registran las compras y usos de bitcoins. El libro mayor se llama “blockchain”, un gigantesco registro contable de todas las transacciones de la moneda virtual. Los sistemas que se utilizan para “minar” bitcoins deben ponerse de acuerdo sobre la exactitud del libro para prevenir trampas, al menos en teoría. “Mientras más minería haya, más seguro será”, señala Armstrong.

Pocas personas estaban interesadas en instalar máquinas costosas para minar bitcoins, aunque esto cambió cuando la moneda empezó a negociarse por encima de US$100 el año pasado. Ahora, miles de mineros piensan que están excavando en busca de oro virtual. En realidad, están construyendo una red global de procesamiento de pagos para bitcoin.

Los procesadores de pagos como Coinbase piden prestados los bitcoins de los mineros por un tiempo breve para realizar una transacción. Estas firmas ingresan la transacción a la red, que la analiza hasta que la considera legítima, y la registra en el blockchain.

El sector financiero, que al principio veía con recelo el bitcoin, lo ha aceptado lentamente. “Nos convertimos en la primera empresa de bitcoin en alcanzar un acuerdo con un banco estadounidense, lo que permite a cualquiera conectar una cuenta bancaria en EE.UU. y convertir dólares de y a bitcoins”, dice Armstrong. Cuando firmó el acuerdo en diciembre 2012, Coinbase tenía 100.000 billeteras, un número que en un año se multiplicó por 10.

Las billeteras de Bitcoin son en gran medida especulación basada en la esperanza de que la moneda se aprecie, algo que por un tiempo pareció prometedor. En diciembre del año pasado, el valor del bitcoin se disparó a US$1.100, desde US$13,30 en enero. Ahora, ronda los US$450, si bien las transacciones están creciendo. Con cerca de 1,2 millones de billeteras de Coinbase, los clientes tienen bitcoins para gastar.

Armstrong dice que gran parte de los esfuerzos de Coinbase están dedicados a conseguir comerciantes que acepten bitcoins. Visa y MasterCard cobran a los negocios una comisión cercana a 3% por cada transacción. Coinbase exige sólo 1%, y a algunos comerciantes incluso menos.

¿Qué hay de la mala fama de la moneda como unas de las favoritas de los delincuentes debido a su presunta anonimidad? “Siempre habrá personas malas”, dice, pero señala que bitcoin se presta a la transparencia porque “es un libro público” en el que se puede “encontrar un camino y una conexión”.

También ve otras oportunidades más allá desafiar a las empresas de tarjetas de crédito. “Muchos países no tienen una moneda estable y la gente no tiene ningún acceso a la banca. Y todos tienen teléfonos celulares”, que pueden ser usados para acceder a billeteras de bitcoin. “Si el mundo tuviera acceso a una divisa estable, bitcoin podría ayudar al mundo a acceder a la banca”.

Es un lindo sueño, pero los fanáticos del bitcoin harían bien en mantener su enfoque más cerca, en el marco regulatorio. Las compañías que cobran US$500.000 millones en comisiones anuales pueden pagar a muchos lobistas, algo para nada virtual.WSJ

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